Enamorarse

 

¡Cuánto se sufre con un desamor… y cuán hermosa es la sensación cuando te enamoras…!

En principio podría parecer una obviedad, pero….quizá no lo es tanto; veamos:

Sentirse triste, abatido desengañado y una colección larguísima de adjetivos parecidos, cuando te abandona la persona que amas, entra dentro de cualquier lógica elemental: has perdido algo que tú valoras. E insisto en lo de tú, porque  su ausencia sólo la sufres tú; para los demás, la ausencia de la persona amada, sentimentalmente es irrelevante.

Sin embargo, el sufrimiento que se padece, es la respuesta a la ausencia súbita de todo aquello que emocionalmente creías incólume, y que además,  mantenía tu estabilidad sentimental en una zona de confort de la que nunca contemplaste que saldrías. Recuerdos, hábitos adquiridos, olores, sensaciones, vivencias, etc, ya no están.

Consecuentemente, sufrir por esa pérdida, no deja de ser una consecuencia de algo que conocías, amabas y que echas de menos. Por así decirlo, tienes algo tangible y conocido que echar de menos.

Sin embargo, el sentimiento inversamente proporcional al desengaño, es el enamoramiento.

Pero a diferencia del desengaño, en el enamoramiento no hay nada realmente objetivo, que sea el responsable de tu desbordante alegría.

Como decíamos hablando del desengaño, éste tiene un móvil, una razón de ser, es el resultado de algo, que en este caso la pérdida del ser amado.

Sin embargo, como cuando nos enamoramos, la objetividad y la capacidad cognitiva inherente a la persona, se va a dar una vuelta a ver los peces del Retiro. La maravillosa sensación que nos envuelve, difícilmente tiene una explicación racionalmente satisfactoria.

De repente, nos damos cuenta que nuestra felicidad, depende enteramente de la persona amada; no ya por que como vulgarmente se dice, “nos ha robado el corazón”; es que resulta que nosotros queremos que lo tenga él/ella; nuestra voluntad es precisamente la ausencia de ésta, en pos de la felicidad de la persona depositaria de nuestro amor.

Sentimientos como la vanidad, la arrogancia y soberbia, desaparecen. Nuestro humor mejora, la percepción de los problemas y amenazas se atenúan, te sientes con fuerzas para enfrentarte a cualquier reto, en fin, se ve todo medio lleno y es una sensación maravillosa.

Prácticamente el 100% de nuestros pensamientos los monopoliza nuestro amado/a.

Seguir describiendo lo inconmensurablemente agradable que es el estado de enamoramiento sería redundante.

La pregunta clave es: ¿Porqué? ¿Cómo es posible que se sienta semejante felicidad ante una persona que ni si quiera conoces, que ni si quiera sabes si será bueno/a para ti, que es un completo misterio... Qué solo es proyecto, una ilusión un “si fuera” y aun así, nada te hace más feliz?

Cuando te abandonan, sabes que pierdes, pero cuando te enamoras, no sabes qué ganas, a pesar de lo cual, la felicidad inunda tu ser.

Racionalmente es obvio que es una atentado contra el sentido común, y sin embargo, es un sentimiento tan fuerte, potente, bonito y devastador, que estás dispuesto a cambiar circunstancias, situaciones, hábitos, trabajos, etc, que creías verdades incontrovertibles en tu vida. Es más, no es que “estés dispuesto a cambiar” si no, anhelante si este fuera el deseo de quien amas.

No sabemos por qué, de repente aparece alguien en nuestras vidas, e ilumina todo nuestro ser: Sin conocer, tenemos certezas; sin tocar, ya hemos sentido; sin hablar, nos han descrito, sin certidumbre, tenemos seguridad; sin nada, lo tenemos todo.

Resulta asombroso, cómo argumentos tan endebles para la razón, tengan sobrada capacidad para cambiar la vida de una persona para el resto de sus días y además, dichoso de hacerlo.

Sólo el tiempo nos pondrá de manifiesto, si todas esas ilusiones y sentimientos se confirman, o si por el contrario, todo resultó ser un espejismo.

Sin embargo, como la sensación de felicidad que se tiene cuando se está enamorado/a es absolutamente inabarcable, inclusive si todas esas ilusiones se quedaran en nada, el hecho de haber experimentado esa fuerza que solo puede dar el amor, es recompensa más que sobrada si al final nuestra persona amada no terminara correspondiéndonos como deseamos.

No es que se soslayen aspectos tales como el sexo, la familia, el trabajo, los amigos, el día a día, si no, que, pasan a muy segundo plano. Y todo por una ilusión, una mirada, un gesto, un detalle… que de repente te hace la persona más maravillosa del mundo y con la que desde ese momento, sabes que es la persona que quieres a tu lado para siempre.

La razón tiene poco que hacer. Enamorarse puede ser cuestión de segundos y durar toda una vida, al igual que se puede convivir toda una vida con una pareja y no haber amado ni un segundo.